EMPECÉ A GRABARLO TODO
PORQUE TENGO MALA MEMORIA
Por Jorge Navas
Creo que llegué al cine por algo así como una “condición Karmática”, algo a lo que está uno destinado y hay que vivir, independiente, de si causa placer o dolor. Hacer cine en un contexto como el colombiano es una cosa de locos. Es difícil vivir de ello, es difícil disfrutarlo. Amo el cine, pero me causa mucho sufrimiento. Aún no entiendo qué hago en él, sin embargo no puedo parar de pensar en una siguiente historia, en un siguiente problema para mi vida.
Lo último que recuerdo es que quería viajar, escapar del mundo real, pasar con facilidad de un país a otro, de una cultura a otra, por eso me gustaban los reporteros que veía en los noticieros de TV. Estudié comunicación social en la Universidad del Valle pensando en ser como ellos, pensando también en Andrés Caicedo, en escribir como él, en expresarme como él, en recorrer las ciudades como él. A la vez era metalero por esa época, me gustaba el black metal, el trash metal, era un poco gótico en ese gótico tropical caleño, era apocalíptico, juguetonamente satánico, melenudo adolescente de ropajes negros en la capital de la salsa.
En la universidad me empecé a enamorar de la fotografía, luego del video experimental. Fui monitor de la cinemateca de la universidad, fui realizador de un magazín juvenil llamado Rayuela, luego empecé a hacer documentales, videos musicales, comerciales de TV y por último un poco de ficción. Mis profesores me enseñaron antes que nada la pasión por las imágenes, por la poesía y la profundidad de la cotidianidad. La ciudad me invitó a la calle, a la familiaridad con la sensualidad y la violencia. Sin querer terminé con un grupo de apasionados amigos, con los que hasta hoy, 15 o 16 años después aún sigo trabajando, registrando esa poesía y esa violencia callejera y espiritual.
Actualmente tengo 35 años, soy escorpión. Crecí en el centro de Cali, en el cuarto piso de un edificio que tenía una terraza donde se veía en 360 grados la ciudad. Estaba cerca al teatro Aristi, cerca de la 10 con 10, la olla de la ciudad. Cerca de la plazoleta de San Francisco y los tumultos de la carrera 5ta.
Amo el centro de la ciudad y desde aquella época amo y recorro el centro de todas las ciudades del mundo a donde viajo. Mi primera cámara la trajo mi madre de un viaje a Estados Unidos. No recuerdo que fue lo primero que grabé. Recuerdo más mis largas caminatas recorriendo los domingos la ciudad con mi cámara de fotografía Vivitar, solitario, silencioso, feliz, robando imágenes a esa luz caleña tan caicediana, tan Fernell Franco, tan romántica, tan infernal. Siempre extraño esos días de exploración y descubrimiento de mí mismo y de la ciudad.
En realidad yo empecé a grabarlo todo porque tengo muy mala memoria, se me olvidan las cosas y quería tener recuerdos de muchos momentos que vivía en aquel tiempo. Me hubiera gustado seguir la carrera de fotógrafo, pero se atravesó el video en mi vida y me dio por ser videoartista, por expresarme plásticamente en sonido y movimiento. De esa época tengo varias cosas locas e interesantes, con las que empecé a participar en concursos y a ser seleccionado en eventos internacionales. De allí vino la música, el video musical. Soy un baterista metalero frustrado y la pasión por la música intento canalizarla en el videoclip.
Un día un amigo me pidió ayuda para hacer un comercial para una entidad protectora de animales: “Paz Animal”. Me fui para la galería Alameda en la noche a grabar los perros solitarios en las calles vacías. El comercial quedó sencillo, poético y contundente, a raíz de éste me invitaron a hacer una campaña contra las drogas a través de Universidad del Valle TV (UVTV). Unos comerciales que duraron mucho tiempo al aire y se ganaron todos los premios nacionales de publicidad. La gente aún los recuerda: “Pégate al parche”, “Marimba a la lata”, “Qué hay para la cabeza”. Esos comerciales me abrieron las puertas en las productoras bogotanas de donde me llamaron ofreciéndome trabajo.
Antes de viajar a Bogotá terminé mi tesis de grado, un video experimental que hice con una beca de Colcultura sobre la vida e interpretación de la obra de Andrés Caicedo: Calicalabozo. Una extraña pieza audiovisual donde me saqué muchos demonios y dejé una memoria visual de la Cali que me tocó mezclada con la Cali trágica e idealizada que tenía compartida con Caicedo, mi referente de furia juvenil.
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