JULIO VALENCIA
La magia del talento innato

Mena en La sangre y la lluvia

Julio Valencia es corpulento, de mirada ingenua y hablar pausado. Nació en la caliente y húmeda ciudad de Buenaventura, el primero de julio de 1986. Al terminar el bachillerato en el Colegio Francisco José de Caldas, en el año 2004, se fue para Calí para continuar bailando, una de sus grandes pasiones. Sin embargo con su grupo homenaje al Rey del Pop, Los príncipes Jackson, decide viajar a Bogotá y radicarse en la ciudad de las oportunidades.

Estaba en lo cierto, por medio de una agencia de casting, Julio se enteró que la producción de La sangre y la lluvia, estaban buscando un hombre con características físicas y artísticas, que él justamente reunía. Realizó la audición y para su desconcierto, fue escogido para representar a Mena, un hombre afro, sereno, que se ve involucrado en una situación inesperada. “Uno siente mucha alegría y mucha emoción con sólo saber que va a trabajar con estos personajes, en ese momento me sentí el hombre más feliz del mundo”.

Durante los días rodaje, que de por sí ya eran difíciles por ser su primera vez, cuando realizaba unas escenas con McGiver donde forcejeaban el uno con el otro, el otro actor calculó mal y le pegó en la boca a Julio con la “cacha” de la pistola. “Eso fue lo más difícil para mi, porque pensé que no iba a poder ir al rodaje al día siguiente, tenía un gran morado”. El resto de escenas, fueron para Valencia lo que más disfrutó porque le encanta conducir y su personaje siempre está frente a un volante, “construir el personaje no fue tan complicado, conté con la ayuda de los demás actores”, afirma Julio.

El sueño de Julio se está cumpliendo, actualmente está participando en la obra de teatro El ombligo del mundo del Teatro Escena Colombia dirigida por Vladimir Durán, en donde puede actuar y bailar y empezar a conocer otros matices de personajes y arriesgarse a interpretarlos, “si yo hubiera podido escoger, me habría gustado ser el Teniente González (Hernán Méndez), tiene un andar suave, relajado, pero a la hora de la verdad hace las cosas a la brava”. Las ilusiones, madrugadas, esfuerzo y dedicación de Julio están ahora concentradas en que La sangre y la lluvia le abran las puertas a proyectos nuevos y enriquecedores.

Está agradecido con Hernán por ayudarlo y estar pendiente de él, con Jorge Navas por confiar y ofrecerle la oportunidad de trabajar bajo su dirección y espera ávidamente volverse a encontrar y compartir con todos de nuevo como en la última escena de la película, donde Julio o Mena conmovido, no podía contener las lágrimas.